Ermita de la Soledad
Situada en el extremo sur de la localidad, su planta es sencilla, de una
sola nave de forma rectangular cuya cabecera está orientada al este
y la portada al poniente, según la disposición canónica.
Tiene adosado un pórtico abierto. El prebisterio se señala
únicamente a través de los machones sobresalientes de los
muros. Éstos sujetan gruesas vigas de madera algo toscas que sostienen
sobre montantes la cumbrera y las correas sobre las que se apoyan los pares.
La cubierta es a tres aguas de teja árabe.
Los muros son prácticamente ciegos y de sillarejo de gneis, presentando
una única ventana en el prebisterio, mientras que la portada presenta
un único pórtico de madera al que se accede a través
de dos escalones y se techa mediante cubierta de teja árabe y a tres
aguas. Sobre ella asoma una pequeña españa de ladrillo formando
un único arco de medio punto.
El molino de Abajo
Consiste en un edificio de dos plantas, el molino y un estanque exento
en un nivel superior. Éste se abastece mediante un caz que recogía
las aguas corriente arriba, de modo que garantizaba el funcionamiento
independiente del caudal del río, quedando el molino también
a salvo de las crecidas. El agua descendía de este depósito
por una tubería, que en origen sería un canal cerrado de
lajas de piedra y accionaba unas ruedas horizontales en la planta baja
del molino que movían la maquinaria situada en la planta superior.
La construcción es la característica de la zona, con muros
de sillarejo de gneis, dinteles y jambas de madera, pisos de viguería
de madera y tablazón y cubierta de teja árabe a cuatro aguas
sobre estructura de madera apoyada en los muros, mientras que el forjado
apoya sobre un pilar exento de sillarejo, saliendo las corrientes por
un arco de doble rosca de lajas de piedra muy primitiva.
Casillas de Ciquiruela
Las Casillas son agrupaciones o conjuntos de tinados, corrales cubiertos
de escasa altura ya que se utilizaban para guardar ovejas. En general
su planta es rectangular aunque pueden ser irregulares, y solían
estar construidos aprovechando las piedras más comunes del lugar,
adaptándolas a la pendiente del terreno.
Junto a éstas, existen corrales que servían para guardar
los rebaños y protegerlos de los animales salvajes. Consisten en
grandes cercas de sillarejo que encierran un recinto rectangular o redondeado
que se accede a través de uno o varias puertas. En ocasiones cuentan
con un pequeño espacio cubierto para los pastores.